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El principal motivo por el que surge la tendinitis es como consecuencia de una sobrecarga muscular o por una lesión. Sin embargo, también puede producirse debido al desarrollo de otra patología o por la edad, ya que con el envejecimiento los tendones van perdiendo elasticidad y se puede producir su degeneración.
Además del pie, la tendinitis se puede producir en cualquier tendón del cuerpo. Entre las áreas más comunes se encuentran los hombros, los talones, los codos y las muñecas.
Generalmente, se producen en adultos jóvenes como consecuencia de un esfuerzo repetitivo (a menudo realizado en una mala postura) o por una sobrecarga en alguna zona del cuerpo. En los últimos años, su prevalencia ha aumentado debido a que se realizan más actividades deportivas de esfuerzo. Esto causa que algunos músculos se fortalezcan más que otros y los tendones se debiliten. Esta patología también es muy frecuente en determinados trabajos en los que se emplean movimientos repetitivos y de fuerza.
Entre las principales patologías que pueden causar esta afección destaca la diabetes de tipo 1 y 2 y la artritis reumatoide. «Otra enfermedad reumática inflamatoria que puede provocar tendinitis es la artritis psoriásica».
La presión de algunos tipos de calzado puede agravar algunos tipos de tendinitis, como la aquílea.
Las principales manifestaciones de esta patología son:
En las fases iniciales, la tenditinis solo molesta después de la actividad física. Cuando son de grado 2 también duelen durante el ejercicio; en el grado 3 molestan durante la práctica de deporte, pero no obligan a parar. Finalmente, se habla de grado 4 cuando incapacitan para hacer ejercicio.
«Además del dolor y la impotencia funcional, puede producirse inflamación, enrojecimiento o hipersensibilidad de la zona afectada», explica Reina.
No curar bien una tendinitis puede llevar a que se produzcan problemas a largo plazo. Si la inflamación se prolonga durante mucho tiempo, aumenta el riesgo de lesiones y de roturas del tendón.
Además, si no se sigue el tratamiento y las recomendaciones médicas, los síntomas pueden reaparecer.
Algunas de las recomendaciones de los especialistas para prevenir esta patología son:
Se destaca también la importancia de «los estiramientos al acabar de hacer ejercicio físico, mantener una adecuada higiene postural en el día a día, sobre todo en el trabajo. Y, principalmente, usar un calzado cómodo y, ante cualquier molestia, valorar cuáles pueden ser las causas y actuar en consecuencia»
El diagnóstico se hace mediante un examen físico en el que se localiza la zona afectada guiándose por el dolor, la hinchazón y el calor en la piel que recubre el área sensible. No son necesarias pruebas radiológicas, que solamente se realizan para descartar otras patologías.
Por ejemplo, «la tendinitis de los peroneos (en el pie) se diagnostica realizando una exploración física, valorando la estabilidad del tobillo y la movilidad del mismo y, en muchas ocasiones, solicitando una prueba de imagen, que puede ser una ecografía».
El tratamiento de la tendinitis pretende reducir y aliviar el dolor y la inflamación de la zona afectada. Para conseguirlo, la principal recomendación que ofrecen los especialistas es el reposo para relajar el tendón afectado y ayudarle a recuperarse. Si la tendinitis es grave, en algunas ocasiones el médico puede inmovilizar la zona para garantizar que el reposo se realiza. Además, también suelen aliviar los síntomas mediante la aplicación de frío (inmediatamente después de practicar ejercicio) o calor (48 horas después) en la zona afectada.
También se suele recomendar fisioterapia para fortalecer el área, garantizar que el tendón se recupere y prevenir futuras lesiones. Asimismo, en las fases iniciales de la lesión se recomienda la práctica de ejercicios excéntricos en los que, según explica el experto en medicina deportiva, «a la vez que se tensa el músculo, en lugar de acortarse el tendón, lo que se hace es alargarlo».
Junto a la fisioterapia manual, puede resultar útil el empleo de microondas, ultrasonido u ondas de choque, según el tipo de lesión y a quien afecte.
Cuando el reposo, los medicamentos y la fisioterapia no funcionan, puede ser necesario pasar a terapias invasivas, entre las que se encuentran la electrolisis ecoguiada (que genera un proceso reparador mediante la aplicación de una corriente eléctrica dentro del tendón) y la infiltración en el tendón de plasma rico en plaquetas.
La cirugía no suele aplicarse en este tipo de patología, aunque en alguna ocasión es necesaria para retirar tejido inflamado o calcificado que comprime al tendón. «Entre un 2-3% de todas las tendinitis crónicas requiere, al final, algún tipo de cirugía; dependerá de la localización», aclara Hernández, quien expone que el tratamiento quirúrgico es más sencillo y permite mejores resultados en localizaciones como el hombro, pero en la tendinitis rotuliana se pueden presentar más complicaciones.
Si el paciente sigue las recomendaciones de reposo y el tratamiento, los síntomas deberían mejorar en poco tiempo. En las situaciones en las que la tendinitis deriva de una sobrecarga, en algunas ocasiones los especialistas pueden recomendar al paciente que cambie algunos aspectos de su vida, como el calzado, que puede modificarse para que proteja, por ejemplo, el talón de Aquiles.
El hallux valgus o juanete es una deformidad del dedo gordo del pie, que se desvía hacia el resto de los dedos, llegando a superponerse al segundo dedo y causando la aparición de una protuberancia en el borde externo del dedo.
El pie con hallux valgus se inflama y presenta dolor en la zona de la unión del dedo con el resto del pie, que suele empeorar al caminar y a medida que la protuberancia evoluciona. En la base del dedo gordo crece más hueso de lo habitual, además de la aparición de un saco lleno de líquido.
Además, otros síntomas son piel callosa y enrojecida a lo largo del borde interno en la base del dedo gordo, protuberancia ósea en la primera articulación del mismo dedo, con reducción del movimiento en el sitio del dedo, dolor en la articulación que se agrava con la presión de los zapatos y dificultad en la utilización de calzado regular, rotación del dedo en dirección al resto de dedos y que puede sobreponerse sobre el segundo con la consecuente aparición de callos.
Las causas de la aparición de juanetes son factores hereditarios, reumatismos inflamatorios, alteraciones del pie o el uso de calzado inadecuado. En el primer caso, las personas que de forma congénita padecen alguna patología de afección a los huesos son más propensos a sufrir el hallux valgus. El uso de calzado de punta estrecha y tacón alto también puede propiciar su aparición.
Para prevenir la aparición de juanetes es fundamental estar atentos al desarrollo de nuestros pies. Cuando existan callos o durezas en la parte interna del dedo gordo del pie y su deformación en la parte externa es aconsejable tomar algún tipo de medida para evitar su empeoramiento. Aun así, lo que el especialista en Traumatología puede recomendar es la utilización de zapatos flexibles, sin demasiado tacón, a ser posible de piel, que se adapte bien al pie, sin tener la punta muy estrecha y con el interior acolchado. En caso de tener ya una pequeña presencia de dolor en el momento de hacer algún tipo de ejercicio intenso se debe evitar su realización.
El hallux valgus se puede tratar con la administración de medicamentos antiinflamatorios y analgésicos, ejercicios y masajes fisioterapéuticos, aplicación local de calor o frío o incluso la utilización de almohadillas en la zona del juanete. Se recomienda el uso de calzado ancho con espacio suficiente para que no se opriman los dedos, la utilización de plantillas de fieltro o gomaespuma en el pie para proteger el juanete o los llamados espaciadores interdigitales para separar el primer dedo del segundo.
También se puede realizar un agujero en aquellos zapatos viejos y cómodos para utilizarlos por casa. La operación, llamada bunionectomía, sólo está indicada en casos graves en los que exista una alta dificultad para caminar. En ella se consigue realinear el dedo y remover la protuberancia ósea.
El pie cavo, que es aquel que presenta un arco plantar más alto de lo habitual, como resultado de este exceso de curvatura, la superficie de apoyo disminuye y al caminar el pie no entra en contacto con el suelo por la parte media y lateral externa, como sí debería hacer. En consecuencia, el pie cavo se apoya únicamente en dos únicos puntos y el peso corporal se carga en la zona anterior (antepié) y posterior (talón), en lugar de hacerlo también en la zona media y lateral del pie.
El exceso del arco plantar del pie cavo comporta una serie de síntomas:
Habitualmente las causas de esta patología podal suelen ser congénitas, de tipo neurológico y muscular, ya que se asocian a problemas en el desarrollo del sistema neuro-musculo-esquelético; estos problemas pueden presentarse de forma aislada o juntamente con otras enfermedades sistémicas (es decir, que afectan a todo el organismo).
El pie cavo también puede aparecer a lo largo del tiempo (causa adquirida) o, en ocasiones, puede desconocerse el origen (es decir, tener una causa idiopática, cuando no se logra definir el origen de la deformación).
Para tratar los pies cavos, existen varias soluciones en función de la sintomatología que presentemos:
En los casos más severos en los que el paciente no obtiene mejoría aplicando las medidas anteriores, puede ser necesario recurrir a la cirugía.
En aquellos casos en que el pie cavo no se presente de forma congénita, podemos adoptar medidas preventivas para minimizar la aparición de esta deformidad con el uso de plantillas personalizadas. Estas soluciones reparten de forma homogénea la carga que recibe el pie y destensan la fascia plantar. Si se usan desde la infancia, pueden corregir que el exceso de arco plantar de un niño se agudice y la patología empeore.
Concluyendo, en este artículo hemos analizado en qué consiste el pie cavo, las causas por las qué se produce y las soluciones existentes para mitigar las molestias. El pie cavo es aquél con un exceso de curvatura plantar, hecho que genera una disminución del apoyo de la planta y el lateral del pie y sobrecarga la parte delantera (antepié) y trasera (talón), causando metatarsalgia y talalgia, además de otras patologías podales como fascitis plantar, callosidades en varias partes de los dedos del pie y dedos en garra. Además de patologías podales, el pie cavo también puede causar problemas en las piernas y la espalda, de forma que es esencial adoptar medidas preventivas para intentar evitar que aparezca o tratarlo si ya lo tenemos.
Cuando nuestro talón presenta una desviación lateral hacia la parte interna del pie, es probable que suframos el llamado pie valgo, una afección del pie que también puede ir asociada al pie plano, y que constituye una de las principales causas de lesiones y sobrecargas en otras partes del cuerpo.
El pie valgo se caracteriza por meter el pie hacia dentro cuando caminamos, a diferencia del llamado pie varo, que tiende a apoyar la zona lateral externa del pie. El pie valgo es uno de los mayores riesgos de desestructuración de otros mecanismos del cuerpo, y que pueden provocar la aparición de otras afecciones como la fascitis plantar, juanetes o artrosis de rodilla.
También es habitual que el pie valgo genere otras patologías como dolor en los talones de los pies, metatarsalgia, dedos en garra, uña encarnada, etc. que se ven potenciadas por el uso de un calzado inapropiado.
Existen casos de pie valgo infantil, una patología que se presenta de manera fisiológica en niños de entre 4 y 6 años. En estos casos, sus talones sufren una desviación, el arco plantar es casi plano y la morfología de su pisada no es la correcta, provocando cierta torpeza e inestabilidad a la hora de caminar o correr.
El dolor de pies no es el primer síntoma que evidencia un pie valgo, por lo que en algunos casos puede ser difícil de diagnosticar si la persona que lo sufre no identifica la deformidad o los posibles desajustes que esta puede provocar en otras partes del cuerpo. Los principales síntomas del pie valgo son:
Esta sintomatología debería indicar al paciente que algo no funciona correctamente en sus pies y que, por tanto, debería acudir lo antes posible a un podólogo profesional para que este le realice un completo estudio de la pisada y pueda diagnosticar la presencia de pie valgo.
Ante la presencia de un pie valgo, uno de los tratamientos que resulta más efectivo es el uso de plantillas ortopédicas, hechas a la medida de cada persona y adaptadas a su estilo de vida y a las características de sus pies. De hecho, se ha demostrado que el uso de plantillas personalizadas resuelve hasta el 90% de los casos.
Nuestros podólogos comprobarán si el arco interno del pie tiene un arco normal o si tu pisada tiende a meterse hacia la parte interna del pie. En este caso, confirmará el diagnóstico de pie valgo y aplicará el mejor tratamiento mediante el uso de plantillas personalizadas.
El uso de un zapato inapropiado puede agravar los síntomas del pie valgo, por lo que es fundamental seguir los consejos del podólogo sobre qué calzado es más adecuado, cómodo y adaptado a la morfología de cada pie y de cada pisada.
El pie varo o pie equino varo, describe una variedad de anomalías del pie que por lo general están presentes al momento del nacimiento (congénitas) en las que el pie del bebé presenta una forma o posición torcida. En el pie varo, los tejidos que conectan los músculos al hueso (tendones) son más cortos que lo habitual. El pie varo es un defecto congénito frecuente y por lo general es un problema aislado para un recién nacido saludable en los demás aspectos.
El pie varo puede ser leve o grave. Aproximadamente la mitad de los niños con pie varo lo tienen en ambos pies. Si tu hijo tiene pie varo, tendrá dificultades para caminar normalmente, por lo que en general los médicos recomiendan tratarlo poco después del nacimiento.
Comúnmente, el podólogo puede corregir con éxito el pie varo sin cirugía, aunque a veces los niños necesitan una cirugía de seguimiento más adelante.
Si tu hijo tiene pie varo, este es el aspecto que podría tener:
A pesar de su aspecto, el pie zambo en sí no causa ninguna molestia o dolor.
Es muy probable que el especialista note el pie equino varo poco tiempo después de que el niño nazca, en función de la apariencia. El médico puede asesorarte en cuanto al tratamiento más adecuado o remitirte a un médico que se especializa en problemas de los huesos y músculos (ortopedista pediátrico).
Es un cambio en la forma del pie en el cual este no tiene un arco normal al estar parado.
El pie plano es una afección común. Es normal en bebés y niños pequeños.
Se tienen pies planos debido a que los tejidos que sostienen las articulaciones en el pie (llamadas tendones) están flojos.
A medida que los niños crecen, los tejidos se tensan y forman un arco, lo cual tiene lugar cuando el niño tiene 2 o 3 años de edad. La mayoría de las personas tiene arcos normales cuando son adultas. Sin embargo, es posible que en algunas personas este arco nunca se forme.
Algunas afecciones hereditarias pueden causar tendones flojos.
Las personas que nacen con estas afecciones pueden tener pie plano.
El envejecimiento, las lesiones o una enfermedad pueden causar daño a los tendones y provocar que se desarrolle pie plano en una persona a quien ya se le han formado los arcos. Se puede tener en un solo pie.
En pocas ocasiones, los pies planos dolorosos en los niños pueden ser causados por una afección en la cual dos o más de los huesos en el pie crecen unidos o se fusionan. Esta afección se denomina coalición tarsiana.
La mayoría de los pies planos no causa dolor ni otros problemas.
Los niños no siempre tienen dolor en el pie, el tobillo o la parte inferior de la pierna. Ellos deben ser evaluados por un proveedor de atención médica si esto ocurre.
Los síntomas en los adultos pueden incluir pies arqueados o cansados después de períodos prolongados estando de pie o practicando deportes. Usted también puede tener dolor en el exterior del tobillo.
En personas con pies planos, el empeine del pie hace contacto con el suelo al pararse.
Para diagnosticar el problema, el especialista le pedirá que se pare en los dedos de los pies. Si se forma un arco, el pie plano se llama flexible. No se necesitan más exámenes ni tratamiento.
Si no se forma el arco mientras está parado en los dedos del pie (llamado pie plano rígido) o si hay dolor, se pueden necesitar otros exámenes, incluso:
Los pies planos en un niño no necesitan tratamiento si no están causando dolor o problemas para caminar.
En niños mayores y adultos, los pies planos flexibles que no causan dolor ni problemas para caminar no necesitan tratamiento posterior.
Si usted tiene dolor debido a los pies planos flexibles, le ayudará un soporte de arco (plantilla ortopédica) que se pone en el zapato. Esto se lo diagnosticamos en GPO Plantillas Ortopédicas a través de uno de nuestros podólogos asociados.
Los pies planos, rígidos o dolorosos requieren de la evaluación por parte de un podólogo especializado. El tratamiento depende de la causa del pie plano.
En caso de coalición tarsiana, el tratamiento comienza con reposo y posiblemente una férula de yeso. Si el dolor no mejora, puede ser necesaria la cirugía.
En casos más graves, se puede necesitar una cirugía para:
Los pies planos en adultos mayores se pueden tratar con analgésicos, plantillas ortopédicas y algunas veces cirugía.
La mayoría de los casos de pie plano son indoloros y no causan ningún problema. No necesitarán tratamiento.
Algunas causas de pies planos dolorosos se pueden tratar sin cirugía. Si otros tratamientos no funcionan, la cirugía puede ser necesaria para aliviar el dolor en algunos casos. Algunas afecciones como la coalición tarsiana pueden necesitar cirugía para corregir la deformidad, para que el pie permanezca flexible.
La cirugía a menudo mejora el dolor y la funcionalidad del pie para las personas que la necesiten.
Consulte con GPO Plantillas Ortopédicas si experimenta dolor persistente en los pies o si su hijo se queja de dolor de pie o dolor en la parte baja de la pierna.